Colectivo Insurgentes. Pensar desde la calle.
* Para diorama #15 (Agosto 2011)
A mitad de julio el Colectivo Artístico Cultural Insurgentes de la ciudad de Córdoba ofreció una charla-debate sobre intervenciones artísticas y prácticas comunicacionales en el CeCuAl de Resistencia, Chaco, con la presencia de artistas, activistas y personajes afines de la zona.
Fue una charla introductoria a su historia y sus acciones que sirvió para conocer un poco mas sobre los movimientos culturales del país y al mismo tiempo para recordar qué se está haciendo por estos parajes tan al norte de las grandes ciudades.
El modelo de sociedad capitalista en el que vivimos nos hace creer que el espacio público es solamente un lugar en el que las personas se mueven y esta ahí sólo para ser usado como la vidriera del consumo, con una única dirección, desde arriba hacia abajo. Nosotros, la gente, en ese modelo somos meros receptores en un lugar privilegiado -el espacio público- donde está todo dado para que no tengamos que pensar siquiera.
La historia está cambiando, de a poco, y desde ese mismo lugar, la calle. El espacio público está lleno de personas: el policía, el cuidador de autos, la kioskera, el chipacero, la anciana con su carrito, los adolescentes saliendo del colegio y son éstas las que lo construyen, las que le dan una identidad, las que lo usan. O no.
El Colectivo Artístico Cultural Insurgentes nace en el año 2008 en la ciudad de Córdoba como una necesidad de llevar las prácticas artísticas a la calle y buscar un mismo lenguaje entre las distintas disciplinas que confluían en la Ciudad de las Artes. El cine, el teatro, la danza, el diseño y las bellas artes se empezaron a mezclar con la filosofía, la comunicación, la sociología para reinterpretar desde un lugar común conceptos que, aunque no nos demos cuenta, nos incluyen a todos: el arte, la política, la memoria, el trabajo y el espacio.
En junio de 2008 se realiza la primera intervención que tiene como lema 78/08 La Dictadura de la Imagen. A través del uso del espacio peatonal en una plaza cordobesa y la reinterpretación de símbolos como una cancha y una pelota de fútbol gigante hechas con alambres de púas, montañas de televisores con cuerpos en sus interiores que descansaban en medio de un tranquilo living, Insurgentes intentó generar una reflexión sobre conceptos como el arte, la política y lo popular haciendo hincapié en el bombardeo mediático de aquella nefasta época y también en la actual para poner en crisis la percepción del espectador.
El primer año del grupo se inscribe como el de mayor producción artística, se suceden las intervenciones y se tratan muchos temas: el juicio al dictador Luciano Benjamín Menéndez, el censo en la ciudad de Córdoba, la colonización de las Américas y la lucha de los pueblos originarios, la publicidad callejera como herramienta hegemónica, entre otros.
Le sigue una etapa de introspección, de crecimiento interior, quizás mas lenta pero igual de fructífera en la que el grupo afianza su identidad mediante el debate y la interpretación de las acciones del grupo desde las experiencias de cada miembro y de esa manera generar nuevas definiciones no académicas para conceptos interdisciplinarios con los cuales trabajar.
Insurgentes nunca buscó escribir teoría, los conceptos se generan sobre la práctica y estas acciones, claro, no se pueden realizar sin un espectador que, contrariamente a la concepción hegemónica, es un hacedor que interpreta y le da sentido a las acciones en un ida y vuelta, un dialogo en el que el colectivo propone un disparador con el que empezar a construir juntos en la calle.
El éxito de cualquier intervención radica en lograr generar una duda, una ruptura, algo sensitivo en la gente, que las personas se sientan interpeladas, se pregunten sobre lo qué se está hablando y también pueda trasmitirlo. La heterogeneidad que esconde un espacio público como la calle hace que los resultados sean infinitos y claro, no siempre satisfactorios.
Con la idea de disputar la cultura desde fuera de la calle convocaron a otros colectivos y grupos artísticos de Córdoba para habitar una casona antigua -o simplemente La Casa- desde la que generar un espacio de concentración y creación cultural que no sea fugaz y de guerrilla como las intervenciones, sino de resistencia, de unión y de base.
Y de a poco lograron reconocerse como parte de una historia de lucha que viene desde mucho tiempo atrás: las luchas políticas, sociales y artísticas, los años 70 y el arte político de TucumanArde, el movimiento obrero, entre otras; y encontraron otros colectivos actuales como GAC (Grupo de Arte Callejero) de Buenos Aires o La Araña Galponera de Mendoza, que, paralelamente, también estaban en un mismo camino conceptual.
Fue mediante la colaboración con La Araña Galponera y el grupo Arte Ataca de La Plata que organizaron el Primer Encuentro Interprovincial de Arte/Politica: La Calle es Nuestra que se realizó el año pasado en Córdoba, Mendoza, Buenos Aires, Río Negro, Chaco y Santa Fe y del que participaron muchas organizaciones culturales del país.
Durante su estancia en Resistencia participaron de algunas acciones con artistas de la zona relacionadas a la lucha aborigen en el Barrio Toba y también sobre la masacre de Napalpí con stenciles de Melitona, quien fuera la última sobreviviente de la masacre, en la ciudad.
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