Facundo Martin. Corrientes, Argentina.

Un gordo hincha de Racing. Fuera de juego.

* Para diorama #21 (Enero 2012)

Hace poco más de un año pagué a través de internet por una revista. No tenía idea de quienes iban a escribir en esa revista y estaba viva la posibilidad de que esa revista fuera un fraude y nunca saliera -y claro, yo perdiera mi plata de estudiante-. Hoy me suscribí a los seis números que van a salir durante todo el 2012 y de vuelta no sé quiénes van a escribir o dibujar los próximos números, pero va a ser difícil superar a quienes fueron parte en el 2011.

La revista de las que les hablo se llama Orsai. Y hoy es parte de una especie de franquicia llamada simplemente Orsai: hay una editorial, una revista y un bar. Y no hay intermediarios.
Orsai la hace uno de los tipos que más admiro. Es un escritor gordo y cuarentón que vive en medio de unas montañas en un pueblo de apenas 15 mil habitantes. No es para nada un escritor maldito, no escribe guarangadas ni con raros inventos o ejercicios literarios. Escribe para sus amigos y sobre lo que más le gusta, la comida, el fútbol y programas de televisión; todo en exceso, claro, es muy gordo, le gusta Lost y es de Racing.

El gordo se llama Hernan Casciari, nació en Mercedes, un pueblo de Buenos Aires y de adolescente tuvo una revista literaria con su mejor amigo, el Chiri, justo arriba de una pizzeria. Y veinte años después fue justamente por las ganas de volver a comer esas pizzas que estando con el Chiri en España, donde vive hace poco más de una década decidió largar todo lo que estaba haciendo y hacer una revista literaria diferente. Entonces renunció a las editoriales para las que trabajaba, los diarios en los que escribía y llamó al pizzero de su pueblo, Comequechu, para que se vaya a España con ellos. Sin pizzas no podían empezar.  

Si bien esta pequeña parte de la historia es interesante por sí sola y uno creería que salió de la mente de este gordo escritor -aunque yo como fan me inclino en pensar que es la más pura verdad- lo que vino después es todavía mejor.

En Corrientes hablar de la crisís del papel quizás no tenga mucho sentido. Y digo quizás por que realmente no lo sé. Los diarios mantienen sus tiradas bastante estables, se editan libros de autores locales -que se vendan es otra cosa- y hay más de cuatro librerías en la capital (¿Podemos tomarlo como que en Corrientes se leé mucho?). Es mas que probable que esta estabilidad se deba a que somos muy periferia, un ecosistema chico y autosustentable. No lo sé, ese es tema para otra nota que me gustaría mucho leer.  

Pero en el mundo la crisis del papel daña principalmente a la industria editorial. Y si la industria cultural pierde sus autores -tristes soldados- también, por lo que levantan el grito en el cielo para quejarse y tratar de conseguir fondos para sus grandes arcas promoviendo leyes contra las descargas online, leyes que agravien el precio del papel y por ende de los libros mismos. Lo que no les dice la industria cultural a sus autores es lo poco que les corresponde a ellos de esas ganancias, a penas un ocho por ciento, el noventa y dos por ciento se reparte entre editores, correctores, abogados, managers, distribuidores, librerías, etc.

Hernan se cansó de ser el primer y menos importante eslabón en esta cadena ‘cultural’ y se empeñó en deshacerse de los intermediarios. Así que los mando a todos a cagar. Literalmente.
Agarro y con Chiri decidieron que iban a hablar directamente con los autores que admiraban y ofrecerles el cincuenta por ciento de las ganancias; el resto era para hacer la revista, lo que sobraba, apenas, quedaba para ellos. Y lo comentó en su blog, que claro, se llama Orsai. Diez mil personas pagaron por adelantado una revista literaria sin intermediarios, sin publicidad y sin saber quienes iban a escribir en ellas. Confiando ciegamente en un gordo que escribía muy bien y su amigo de toda la vida. Y les salió bien. Convencieron a Fabián Casas, Sergio Marchi, Juan Villoro, Nick Horby, Leo Maslíah para que escribieran y que esos textos fueran ilustrados por Miguel Rep, Horacio Altuna, Tute, Hermenegildo Sábat, Alberto Montt entre otros.

Y le salió tan bien que en noviembre pasado abrieron un bar en Buenos Aires con la misma metodología, y piensan abrir otro en Barcelona y otro en Centroamérica: quieren formar un triángulo iberoamericano de la cultura (o de los borrachos que leen). Se la jugaron, vieron que era lo que no estaba funcionando, lo cambiaron y saltaron. Tenían en sus manos una idea y gente con talento para llevarla acabo.

Todo lo que paso el año pasado en Corrientes y alrededores -que esta bien resumido en el número anterior- es la base para el salto que hace falta dar por estos pasos. La base, las ideas y el talento están. Hay que saltar. Todos tenemos que saltar. No te cagues.

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